Concurso de Fotografía del magazine
> Consejos sobre fotografía digital por J.M. Alguersuari ·
Cómo mejorar nuestras fotos digitales
por José María Alguersuari (texto y fotos)

Durante las navidades del año 2002, 30 de cada 100 cámaras fotográficas vendidas fueron digitales. Al año siguiente, se dobló la cifra: 60 de cada 100. En el 2004, el consumidor decidió inapelablemente dar su voto a la nueva tecnología: 10 cámaras de película vendidas frente a 90 de tarjeta digital. El pasado año, se hicieron más fotos en el mundo que en toda la historia de la fotografía desde que se inventó. No son perfectas, les queda algo que aprender de sus viejas y experimentadas rivales de toda la vida, las de película química, pero lo que hacen bien… ¡lo hacen muy bien!

AYER Y HOY

Hace 20 años, me regalaron un inquietante ordenador. Venía acompañado de un enorme libro de instrucciones en inglés, cosa que me producía una gran tensión, pero aun así me propuse empezar un trabajo.
No logré cambiar, durante mucho tiempo, el tipo de letra. Ponía la 12 y cuando parecía que todo estaba correcto, aparecía, como riéndose de mí, la 8. Lo más grave era que después de acabar un duro capítulo intentaba guardarlo... ¡y me desaparecía! ¡Dieciocho!, se me fueron ¡dieciocho folios!
Decidí que aquello no se podía reír de mí tan impunemente. De modo que, bien entrado el encargo, encontré un remedio, una solución “profesional”. Cada vez que acababa de escribir un texto fotografiaba con mi cámara de rollo la pantalla del monitor:
–400 ASA, 30 de velocidad, 4 de diafragma. Toma ya. –me dije.
No se escapó ni una coma. Ése fue mi primer contacto con la “fotografía digital”.

La inmediatez ha sido y es la razón de ser de un fotoperiodista, por eso cuando años después aparecieron las primeras cámaras digitales, mi yo se agitó nuevamente. Porque no necesitaban rollo de película, sino tarjetas digitales en que las fotografías se podían almacenar y borrar a voluntad, no requerían revelado, las imágenes se podían visualizar instantáneamente y transferir a un ordenador y, además, manipular con un programa de retoque. Y decían que se podían enviar al otro lado del mundo en… ¡segundos! Entonces las veía más como un juguete para informáticos que como herramienta de trabajo para fotógrafos, porque, al fin y al cabo, no dejaban de ser ordenadores que hacían fotos. Pero, como no podía ser de otra manera, y a pesar que mi experiencia en el mundo de los PC había sido bastante desastrosa, un día decidí separar mi aplastada nariz de un escaparate y comprarme una. Eso sí, absolutamente encomendado, por segunda vez, a lo que Dios y los softwares, quisieran.
Prometía dos millones de píxeles y un montón de palabras extrañas que le acompañaban y que no cesaba de nombrármelas con voz engolada el vendedor: jpeg, tiff, PPP, ruido, RGB, interface, CCD.
Pero también llevaba un objetivo y por lo menos dos programas automáticos con sus diafragmas y velocidades, lo cual me dejó más tranquilo, porque al menos eso me era mucho más familiar. Un problema en el calibrado del autofoco me obligó a devolverla y la cambié por otra de tres megapíxeles.

La cámara

Unos días después, y hace ya unos años, tuve que fotografiar unos personajes en Andorra. Me acompañaban dos bolsas con siete kilos de equipo fotográfico, una con dos cámaras réflex analógicas, objetivos de diversas focales, rollos de película, filtros, y otra con diferentes cachivaches profesionales.
En el local donde iba a tener lugar la primera sesión fotográfica –una armería– colgaban unos fluorescentes de la pared que esparcían una suave iluminación en una sala. Cuando iba a sacar la cámara de película, decidí de repente que las condiciones de luz eran óptimas para estrenar la pequeña cámara digital. Hice el trabajo y comprobé por la pantalla de cristal líquido LCD que el automatismo de la cámara había corregido el feo dominante verdoso de los fluorescentes y que la imagen del dueño de la armería aparecía con una excelente definición. No me pude reprimir y le dije a aquel hombre antes de dirigirme a otra sesión en otro lugar:
–¿Me podría guardar estas dos bolsas de “cámaras viejas”?
La sesión fue un éxito, pero aquí, nada es gratuito.

No diga píxel, diga buena óptica

Aquella cámara de aficionado contaba con tres millones de píxeles –una “potencia” hoy en día básica, normalita–, pero sobre todo estaba equipada con una óptica Zeiss excelente y muy luminosa, tanto que la siguen montando en la actualidad diversos fabricantes. Y esta es una clave importante, porque es el primer filtro que tiene que afrontar la imagen en su viaje hacia los píxeles. A partir de ahí, será o no será.

El objetivo

Un buen objetivo absorbe la imagen y la transporta en forma de haz luminoso hacia el sensor de la cámara liberándola de las aberraciones cromáticas, es decir, la incapacidad de una óptica para producir imágenes nítidas mostrando halos y desviaciones de color en las zonas de alto contraste y dando como resultado fotos de colores irreales que en una cámara digital son mucho más relevantes que en una cámara de película. Por tanto, si la óptica no es buena cromáticamente hablando, al filtrar la luz, el sensor, con el sistema de colores RGB (rojo, verde, azul, en inglés) filtramos información errónea. En cambio, si pasa la prueba en óptimas condiciones dispondremos también de buenas garantías para que el software de procesamiento de imágenes de la cámara coloque finalmente en nuestra tarjeta de memoria un buen archivo –entre nosotros, una foto con calidad–. Y eso fue lo que ocurrió en Andorra.

Tipos de cámaras

Pequeñas o de bolsillo: por su comodidad y gracias a su tecnología miniaturizada, son excelentes compañeras de viaje y nos garantizan la foto o secuencias de vídeo en cualquier momento. Suelen disponer de programas totalmente automáticos. Todas las posibilidades en calidades, precios, y acabados. Precios medios: de 100 a 500 euros.
Compactas: algo más voluminosas, suelen ser de gama alta, incorporan zooms de largo alcance focal u ópticas más luminosas. Amplían las posibilidades del aficionado con programas auto y semiautomáticos. Incluyen secuencias de vídeo, como la mayoría de las de bolsillo. Precios medios: de 400 a 800 euros Réflex: cámaras SLR réflex de nivel alto para aficionados exigentes y profesionales. A partir de 900 euros.

¿Tiene más calidad una foto hecha con cámara analógica o con una digital?

Es una polémica que genera guerras apasionadas. Son dos tecnologías diferentes. Haluros de plata que forman el grano de las películas contra los píxeles digitales.
La copia en color que proviene de un negativo tendrá más contraste, pero aparecerá más irregular, por el grano y las imperfecciones de la emulsión química. Tiene una mejor capacidad de registros en la gama de grises (para la fotografía en blanco y negro). Nos hemos acostumbrado a esa textura desde hace más de 100 años.
Por el contrario, en la digital los colores se mostraran más suaves y limpios, pero pueden conllevar más pérdidas de información en las zonas más luminosas. Ambas, sometidas a grandes ampliaciones, registrarán visibles aumentos de grano o de pixelado. Podría decirse que la valoración cualitativa es una cuestión de estética visual. Personalmente, no tengo duda: cámara digital.

¿Qué es un píxel?

Píxel es el acrónimo inglés de “picture element” o elemento de imagen. Como tal, es un elemento de imagen que se compone de los tres componentes del espectro RGB –rojo, verde, azul–. La suma de ellos forma la imagen como en un puzzle o como si fueran piezas de un mosaico.

¿Qué es un sensor?

Un sensor es un elemento que está compuesto por millones de fotocélulas o fotosensores que capturan información –la imagen– tras su paso por un filtro de tres colores. A través de un proceso de interpolación de color, la cámara compone la imagen en forma de píxeles. (El sensor Foveon es una excepción, ya que cada fotocélula dispone de las tres capas simultáneamente.)

El gran error

“Hice unas fotos a 400 ISO y el resultado ha sido completamente decepcionante porque, a pesar de que mi cámara compacta dispone de 5 megapíxeles, las ampliaciones de laboratorio 20x25 cm aparecen con poca definición y muy pixeladas.”
Suponiendo que su cámara llevara ajustada la opción de máxima resolución –se lo recomiendo encarecidamente, aunque pierda espacio de almacenamiento en su tarjeta e memoria–, podría haber pasado lo siguiente:
Su cámara compacta, al igual que todas las de bolsillo, llevan incorporado un sensor CCD mucho más pequeño que cualquier cámara réflex. Las razones son económicas y de problemas de ubicación. Los CCD de alta gama son caros de fabricar y tan sólo pasan los controles de calidad apenas una decena de cada mil. Entonces, ¿cómo puede ser que una cámara pequeña ofrezca una imagen de 6.000.000 de píxeles, igual que los 6.000.000 que ofrece una cámara réflex? Simplemente, porque los fotosensores –mal llamados píxeles– son diferentes de tamaño. Unos son pequeños y otros grandes; de forma que si sometemos el software de la cámara pequeña a un esfuerzo crítico como forzarlo a trabajar a una sensibilidad ISO alta (los 400 ISO que le colocó usted), los fotosensores responderán con un sobrecalentamiento que acabará produciendo una imagen de “píxeles” –ahora sí– con una fuerte señal de “ruido” –imagen más borrosa– y el efecto que señala.
Incluso un buen procesador de imagen de la cámara se desborda ante ese problema.

¿Cómo debo ajustar la sensibilidad en una cámara pequeña o compacta?

Para obtener los mejores resultados, le recomiendo un valor bajo de ISO 100. La pérdida con ISO 50 es muy poca y tendrá algo más de posibilidades en zonas justas de iluminación. No lo toque de ahí. Tampoco le aconsejo fotografiar con sensibilidades más altas a no ser que haga ampliaciones muy pequeñas, como 9x13 cm, donde los defectos se verán menos. ¡Por eso, para fotografiar en lugares con poca luz sin flash, le recomiendo un objetivo luminoso!

¿Cómo debo ajustar la sensibilidad en una cámara réflex?

Ponga la sensibilidad que le parezca oportuna.
El margen más amplio de pérdida en la curva de sensibilidades de un sensor mayor (CCD o CMOS) de una cámara réflex permite un comportamiento igual o mejor que el que pueda obtenerse de la película tradicional calibrada a una sensibilidad de 200, 400, 800 o 1.600 ISO. Incluso una cámara de calidad semiprofesional como la Nikon D70 o la Canon D20 admite muy bien que “les retuerza el cuello” con los ISO.

¿Qué significa ISO?

Son las siglas Internacional Standartization Organitation. Combina los valores ASA y DIN y se aplica también a los sensores digitales. Pero tiene que saber que es un patrón muy sui géneris y poco escrupuloso en el mundo digital, de modo que los 200 ISO que puede indicar una cámara hay que tomarlos sólo como un valor de referencia aproximada.

¿Por qué en mi cámara réflex no puedo visionar la imagen en tiempo real en la pantalla LCD como lo hacen las cámaras pequeñas?

Porque las SLR reproducen el funcionamiento de las cámaras analógicas y en la parte interna de esa zona está el sensor como si fuera la película tradicional. En cambio, las cámaras de bolsillo o compactas realizan las capturas como si fueran una cámara de vídeo –en realidad son videocámaras que hacen fotos–, aunque el procesado sea fotográfico. Son más lentas y mantienen un pequeño desfase de tiempo entre el momento que aprieta el disparador y la captación real de la imagen.

Me gustaría hacer instantáneas de reportaje al estilo Cartier Bresson con mi máquina digital de bolsillo. ¿Puedo?

Por lo menos lo puede intentar. El gran fotógrafo clásico utilizaba una Leica ligera y manejable, como la suya, y silenciosa, aunque mucho más rápida de respuesta. En eso usted lo tiene peor. Pero ¿sabe dónde reside uno de los secretos para hacer buenas fotos con las cámaras ligeras? ¡En llevarlas colgadas del cuello! Ahí la cámara está dispuesta en una magnífica posición para ir de caza, y cualquier cosa que se ponga a tiro le garantiza a usted el visor en el ojo en un segundo. En cambio, si la lleva en el estuche, cuando logre dispararla… el pato ya habrá volado. El otro secreto tiene que ver con el oficio, con el “saber ver”. Es decir, intuir la mejor imagen, mejor iluminación y el momento exacto en que hay que apretar el disparador. A mí me ha costado 45 años… y todavía estoy aprendiendo.
Invéntese la correa si no la lleva, desconecte la pantalla LCD mientras mantenga la cámara encendida para ahorrar energía y, como truquillo, desconecte el autofoco colocando la marca de infinito en posición fija, lo que logrará que la cámara tenga que “pensar” menos y sea así más rápida ante una instantánea.
Gracias al truco –sólo en objetivo de posición angular– y a su buena profundidad de campo, las fotos de su cámara de sensor pequeño –¡vaya, una ventaja!– quedarán enfocadas a partir de dos o tres metros en la distancia focal más corta. Que la suerte le acompañe.

¿Qué puedo hacer con una cámara digital de bolsillo?

En primer lugar, y póngase manos a la obra ahora mismo, porque si no se olvidará, utilizarla como herramienta de seguridad gracias a su objetivo macro, que enfoca objetos a pocos centímetros del objetivo, lo que le permitirá fotografiar sus joyas y piezas de valor ante un posible caso de robo. Si eso ocurriera, le servirá para facilitar la identificación a la policía. Entrar en el mundo de Liliput es emocionante, y las digitales eso se lo ponen en bandeja.
Utilizarla como bloc de notas gráfico, fotografiar documentos que por su tamaño no quepan en la impresora (mapas, planos), reproducir fotos antiguas o mejorarlas con programas de edición como el Photoshop –el más conocido– u otros más sencillos.
Es útil también para fotografiar una radiografía de mi rodilla –o la suya– (contra la ventana a contraluz sale perfecta) y enviársela por e-mail a mi traumatólogo –o al suyo–. (Supe el diagnóstico inmediatamente.) No está mal para sorprender al novio o a la novia cuando sale de la ducha. Y en fin, para hacer FOTOS, muchas FOTOS y porque es la mejor manera de aprender la fotografía… de siempre.

Los retratos

Utilice el teleobjetivo o el zoom en una distancia focal larga para realizar los retratos. No use nunca el zoom digital porque no hace otra cosa que ampliar la imagen a costa de reducir píxeles con la consiguiente pérdida de calidad. Con los niños, use también teleobjetivo y colóquese a su misma altura.
A cierta distancia, el fotógrafo intimida menos y si encima le explica un chiste o deja caer una ocurrencia graciosa a la persona que fotografía, es fácil que logre un retrato muy expresivo. Utilice el contraluz del sol –procúrese un protector para la cámara– para crear sombra en el rostro del que posa y suavizar así los pequeños defectos (arrugas, ojeras). El halo luminoso que envuelve al personaje fotografiado crea, de esta forma, un efecto de relieve muy agradable. En interiores, una buena iluminación es la que proviene de la claridad de una ventana. Sitúe a las personas al lado de ésta e intente controlar el ángulo de la luz –su dominio lleva un tiempo–. Con el objetivo angular, se crean efectos más creativos, aunque el control estético es mucho más crítico.

Los viajes

Una buena foto de unas barcas en el Nilo puede ser extraordinaria si, por ejemplo, la hacemos justo cuando los últimos rayos solares de la tarde inciden en las embarcaciones, convirtiéndola en una imagen de colores apastelados y con una amplia gama de tonos. Si la tomamos a las 12 del mediodía, con un duro sol vertical que va esparciendo sombras por doquier, la condenaremos sin remisión a la categoría de foto vulgar. Y eso es feo. La personal interpretación de la luz y del encuadre por parte del fotógrafo es decisiva para marcar diferencias por eso le daré otro truquín: observe la iluminación y las sombras de la hora del sol en que están tomadas las postales de la zona. Un profesional pasó antes por ahí. Al menos eso le orientará. Cuando viaje, es más importante llevar buen calzado que mucho equipo fotográfico. Seleccione el material. Se pierden muchas fotos abandonando en el hotel la pesada bolsa de las cámaras por cansancio. Hemos mejorado mucho con las digitales.
También se pierden imágenes si no tiene suficientes tarjetas de memoria para grabar sus archivos fotográficos. Mejor llevar dos de 512 Mb que una de 1 Gb por si se pierde alguna o se borra por un accidente. Si pretende enviar fotos a un concurso, no haga muchas puestas de sol porque son un recurso demasiado fácil… para el automatismo de la cámara, y eso el jurado lo sabe.

¡Vade retro… flash!

Si existe algo que me sobrepone, es la vulgarización masiva de fotos hechas con flash… gratuitamente. Imagínese que a través de la maquina del tiempo aterrizamos en 1620 y nos colamos de hurtadillas en el estudio de Velázquez justo cuando está dando las últimas pinceladas a su óleo “El aguador de Sevilla”. Encontramos al maestro ejecutando los retoques de las luces y de las sombras, y observando, ahora un paso adelante, ahora un paso atrás, el efecto de sus claroscuros. Como nos queremos traer un recuerdo de ese instante al año 2005, hacemos una foto de la sesión con el programa automático de la cámara digital, lo que provoca la salida y consiguiente destello del flash. Inmediatamente, ya que en el viaje al pasado nos habríamos llevado una impresora portátil, le regalaríamos una copia al pintor con nuestras mejores sonrisas.
Un pasmo, pero de muerte súbita, es lo que le daría al maestro, no por los artilugios fotográficos en sí, sino por el efecto mortal que le produciría la visión de la copia fotográfica.
Tendría tiempo el pintor, antes de irse al otro barrio, de comprobar que aquel rayo de luz sobrenatural que salía de aquella “cosa” le había destrozado en una milésima de segundo tantas y tantas horas de duro curro.
Lo que vio aterrorizado en aquel papel fue una imagen plana y fantasmagórica de sus personajes, con las caras harinadas, en medio de un horroroso dominante azul que inundaba aquel lugar y al que le habían arrancado los relieves y sus veladuras, y convertido sus vasijas en un chamuscado de intensa luz blanquecina.
Y como no podía ser de otra manera, aquellos extranjeros enviados por el diablo –usted y yo– habían satanizado los pobres ojos de aquellos desgraciados que posaban para su cuadro… tornándoselos rojos como el infierno.

Entonces, ¿qué hago con el flash?

¿Sabe? El cuento que le acabo de contar lo podríamos aplicar a muchísimas situaciones parecidas. El flash es una fuente de iluminación auxiliar y cómoda que asegura la exposición de una foto en condiciones de escasa iluminación a cambio de demasiadas alteraciones en las luces reales de la escena. Como en el estudio de Velázquez, millones y millones de ambientes cálidos se destruyen y tergiversan cada día. Es el “matafotógrafos”, como decía un antiguo profesional, y tenía razón, porque con su uso dejamos de interpretar las posibilidades de la luz natural. Le invito, si no lo ha hecho ya, a que desconecte siempre que pueda el demoniaco “relámpago” y explore, disfrute, experimente, y hasta se equivoque, con imágenes auténticas tomadas en plena iluminación ambiente sin edulcorar. Además, eso es una de las cosas que sabe hacer mejor la nueva tecnología. Deje el flash sólo para situaciones irremediables de luz cero, o como apoyo muy suave de iluminación en imágenes con sombras muy duras –fotos en primeros planos en la playa con el sol en la vertical–.

¿Por qué salen los ojos rojos?

La retina del sujeto refleja el destello del flash y se dilata, porque el flash está demasiado cercano al objetivo, o porque el haz que llega al sujeto fotografiado es demasiado pobre –distancia larga–. Pruebe un par de cosas: pida que las personas no miren directamente a la cámara, o que dirijan sus ojos momentos antes a una fuente de luz intensa (una lámpara halógena de techo, por ejemplo).

¿Cómo sujeto la cámara para hacer instantáneas sin flash y con luz ambiente escasa?

Haga la estatua. Si está de pie, procure apoyarse en una pared, árbol, etcétera, con las piernas bien estabilizadas y abiertas, los codos firmes contra el cuerpo y la cámara bien pegada a la cara. No respire y vaya bajando el dedo muy lentamente para accionar el disparador. El secreto está en el dedo.
Si está sentado en un sillón con apoyabrazos, mejor que mejor. Apóyelos ahí y mueva el dedo a cámara lenta. En una escena nocturna, puede colocar la cámara sobre el borde de una mesa o soporte fijo. Si fotografía una calle, puede engarzar la cámara en un árbol o en un poste presionándola con decisión y… ya sabe. No tenga reparo en repetir varias veces las tomas.

¿Cuáles son las desventajas de las cámaras digitales?

Las de bolsillo y compactas son lentas de disparo, producen ruido en sensibilidades altas, y dependen demasiado de la batería –sensor pequeño–.
Todas, también las réflex, flaquean en la lectura de las zonas claras y brillantes, y suelen “quemar” las luces intensas ante, por ejemplo, una imagen oscura con fondo claro –dificultad para recoger información–.

¿Qué tipo de fotógrafo tiene mayor ventaja para sacar partido a una cámara digital?

Los acostumbrados a tomar fotos con diapositivas. Éstos tienden a subexponer las exposiciones para generar colores más brillantes y saturados. Los fotógrafos que utilizan negativo, por el contrario, suelen sobreexponer las imágenes, lo cual resulta nefasto en una cámara digital porque “pelan” las zonas más brillantes y eliminan la información de parte de la foto.

¿Qué cámara comprar?

Si tiene pretensiones de cierto nivel fotográfico:
Cámaras digitales de bolsillo. Si piensa hacer ampliaciones grandes, conviene un objetivo luminoso f 2.8. A partir de 4.000.000 de píxeles.
Cámaras digitales compactas. Objetivos f 2.8 o mejor f 2.
Cámaras réflex. Debido al buen control del ruido con diferentes sensibilidades, elija –si lo va utilizar en exteriores mayormente– un objetivo de calidad y buena construcción óptica –por ejemplo, en los teleobjetivos–, aunque no sea especialmente luminoso. Se ahorrará dinero.

Quiero hacer fotos de recuerdo sin pretensiones fotográficas

Compre cámaras digitales de marca. Evitará que le den gato por liebre. Algunos fabricantes añaden, ocultándolo, píxeles interpolados –creados artificialmente por el software– en cámaras de baja calidad. Elija las básicas de 2.000.000 de píxeles para copias pequeñitas (10x15 o 13x18), aunque le recomiendo las de 3.000.000 de píxeles como opción calidad-precio más equilibrada y más que suficiente para sus fotos del álbum familiar (copias de 18x24 o más). Déjese guiar por un vendedor de confianza… que haga fotos.

Cameraphone o teléfonos móviles con cámara

Sin apenas tiempo de digerir los 1,3 Mb que incorporan los móviles con cámara y que dan un resultado pobre de imagen en copia, están anunciados los nuevos cameraphones de ¡5 Mb! De momento, se tiende a preferir más los móviles que las cámaras digitales baratas. Esto promete más, aunque, personalmente, me gustaría más una cámara con móvil que un móvil con cámara.

¿Por qué hay cámaras muy sencillas que hacen fotos “potables”?

Porque la imagen pasa por una parte del objetivo –a veces de plástico– sin ocupar todo el área del éste, de forma que evita las aberraciones típicas de una óptica mala. A cambio, lo paga con su luminosidad, que es mínima (f 8, por ejemplo). Las fotos salir, salen, pero tampoco son la alegría de la huerta.

Volvía de mis vacaciones en avión y en casa me di cuenta de que se habían borrado las fotos de la tarjeta de memoria. ¿A qué pudo deberse?

No es la primera vez que ha pasado, porque cuanto más alto vuela un avión en la atmósfera más riesgo de exposición tiene a las radiaciones cósmicas, que pueden afectar a los sensores y tarjetas de las cámaras digitales. Me lo dijo un técnico de una importante firma de cámaras. Un piloto de helicópteros me lo corroboró, aunque otro piloto de Iberia me lo negó. Pero a mi amigo Artur le ocurrió.

En tierra, ¿puede suceder?

Sí, más fácilmente. El borrado de datos por extraer la tarjeta de memoria sin haber desconectado la cámara no es inhabitual. También puede suceder por utilizar tarjetas de origen poco fiable o incluso de marca pero defectuosas, por un fallo de corriente de la cámara o un proceso de imagen deficiente. Igualmente, por otros motivos que, sinceramente, desconozco. Después de hacer unas fotos en la sala central de Correos de Barcelona, aún recuerdo la terrorífica palabra: ¡CORRUPTA! que apareció en el visor trasero de la cámara que me volatizó las imágenes que acababa de tomar. ¿Dónde estaba el diablo?

¿Con una impresora de tinta de alto precio, obtendré mejores copias fotográficas?

Una impresora de calidad fotográfica que cueste de 100 a 200 euros como máximo le cubrirá las necesidades más que suficientes para sus tareas personales y para mostrar de inmediato algunas de las fotos que ha hecho en la fiesta de cumpleaños de su hija. El coste de los papeles, de las tintas y la calidad menor de una impresora –una gota de tinta siempre será una gota de tinta– que el de una copia de laboratorio hacen bueno aquello de que “las buenas pizzas, amasadas en la pizzería y en el horno de leña”. Las hechas en casa son otra cosa.

¿Las impresoras de sublimación son mejores que las de tinta?

Las impresoras de sublimación que algunos fabricantes ofrecen para imprimir copias sin pasar por el ordenador siguen un proceso térmico donde un papel de impresión especial recibe en forma de vapor la tinta que creará una imagen. Para que no se degraden las tintas al tocarlas, llevan un revestimiento de protección especial. La calidad es similar a una copia de laboratorio –son formatos pequeños–, pero a un coste más elevado. La ventaja es que las portátiles se pueden llevar encima a todas partes y que las copias son inmediatas. Mi sugerencia, si le gusta el sistema –es supercompacto–, es que utilice el ordenador como álbum virtual de archivos e imprima una selección de sus fotos en un álbum físico.

¿Cómo puedo escoger el mejor laboratorio fotográfico?

Fácil. Grabe unos CD con unas cuantas fotos diferentes. Pida que le hagan las copias en distintos laboratorios y compárelas. Repítalo unas cuantas veces para darles un cierto margen de error.

¿Me conviene hacer una copia de seguridad de mis fotos?

No quisiera ser ave de mal agüero, pero, y eso se lo dirán en cualquier casa de informática, si usted guarda sólo sus archivos en el disco duro de un ordenador, se arriesga a tener problemas que pueden llegar a ser graves ante cualquier percance informático. Hacer copia en un CD del archivo fotográfico familiar y otra copia guardada en casa de los abuelos es una idea racional. Nunca se sabe cuándo pasará una desgracia. Muchas de las familias que tuvieron que desalojar urgentemente sus pisos porque se derrumbaba en el accidente del Carmel se han quedado sin memoria histórica. El aparato de televisión se puede volver a comprar, pero el pasado de las personas –fotos, negativos, documentos familiares–, una vez destruido, no hay arreglo posible. ¿Cuántos se llevaron un CD con sus recuerdos ?

Entonces, ¿qué hago con mi cámara analógica de rollo?

Hasta hace poco tiempo he conservado una magnífica y vieja Norton Comando de 1977. Las motos de ahora destilan tecnología por los cuatro costados, son menos agresivas con el medio ambiente, y más seguras. Pero cuando me ponía a los mandos de la máquina inglesa, me inundaban unas gratas sensaciones únicas difíciles de explicar. Aunque perdiera aceite y otras cosas.
Lo mismo me ocurre cuando tomo en la mano una Nikon FM , una Leica M o la Canon F1. Son duro metal precioso y parte activa de nuestra historia y sólo por ello vale la pena conservarlas, acariciarlas y disfrutar haciendo fotos con ellas. Aunque no las muestren en el acto.

¿Es aconsejable esperar todavía un tiempo a que se perfeccione la tecnología digital de estas cámaras para adquirir una?

Las nuevas incorporaciones tecnológicas en materia de diseños, elementos electrónicos, y el desarrollo de las telecomunicaciones han fijado ya la mayoría de edad del mundo digital. Las prestaciones han aumentado y los precios han bajado. Y aunque se pueden mejorar –vale, las pequeñitas son lentas–, no se lo piense más: cómprese una ahora, simplemente… porque en este momento está vivo.

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Agradecimientos a José Antonio Gallego (Fotoprix), Carlos Ormazábal (Nikon), Bernardo Sierra (Arpí)

Un maestro de la fotografía

José María Alguersuari (Sabadell, 1945).

José María Alguersuari
Su trayectoria profesional comienza en los años sesenta, pero es sobre todo a partir de los setenta cuando desarrolla un trabajo innovador, especialmente con sus conceptos pioneros en fotografía deportiva. Fotógrafo de "La Vanguardia", mantiene un espíritu de renovación permanente y ha obtenido entre otros premios el Gaziel de la Generalitat 1985, el Focsa a la mejor expresión gráfica 1988 y mejor fotógrafo del año 1990 por la revista "Foto profesional".

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De paseo por Estambul con la cámara digital de bolsillo
Consejos para la era digital

La forma de lograr cierta sensación de relieve a una fotografía de un paisaje o monumento, es intercalando un primer plano entre la cámara y el fondo como en esta imagen de un anuncio y de una de las 2000 mezquitas que tiene Estambul.

Consejos para la era digital

Consejos para la era digital

El autobús avanza, avanza... y la foto la perdemos si no hemos escogido un buen lugar en la ventanilla. Así que hay que asegurarse el asiento al principio de la excursión por que suele quedar como lugar fijo. Coloque una velocidad de disparo alta, - 500 o más- si dispone de ella, para contrarrestar las vibraciones y velocidad del autobús.

Consejos para la era digital

Consejos para la era digital

Si le aparece una buena instantánea, no dude en disparar aunque la composición sea deficitaria. Luego en casa tendrá tiempo de reencuadrar la imagen si domina minimamente un programa fotográfico.

Si viera los negativos originales de los grandes maestros de la fotografía de reportaje se llevaría un gran chasco. La gracia de la buena foto viene después, en el acabado final. Le aseguro que hay muchísimas fotografías de concurso y este de la Vanguardia no es una excepción, que no ganan por estar mal encuadradas.

Esta, además, la pasé a blanco y negro, logrando un plus de dramatismo.

Consejos para la era digital

Y de arriba abajo. Esos momentos muertos después de la siesta o de lo que sea, pueden ser muy buenos para desde la ventana del hotel, otear cenitalmente lo que ocurre abajo. Como esta bonita imagen de unas arabes en busca de taxi. Color estridente sobre tapiz neutro. Fantástico.

Consejos para la era digital

Consejos para la era digital

El esfuerzo de este muchacho quedó bien reflejado en esta imagen que obtuve a pocos metros de él. El sistema que utilicé es el método Colom, un magnífico fotógrafo clásico que dispara la cámara desde la palma de su mano con el brazo pegado al cuerpo. Una buena manera para pasar desapercibido.

Consejos para la era digital

Consejos para la era digital

3 ó 4 megapixels son suficientes para ampliaciones tipo estándar, incluso para copias 18 x 24 o 24 x 30 cm. pero, y esa es la auténtica diferencia entre una cámara con mas píxeles de otra con menos, es que si usted es amigo de "cortar" espacios y de seleccionar partes de la imagen de algunas de sus fotos -por ej. ampliar unos familiares o algún objeto - ha de saber que cada vez que amplia un trozo pierde píxeles y por consiguiente foco - ya sabe la mitad de 4 megapixels son 2- así que le vendrían muy bien unos píxeles de mas como reserva para el nuevo encuadre.
Si es su caso compre una cámara de 5, 6 o más megapixels.

Consejos para la era digital

El gran bazar de Estambul, muestra rincones bellos, aunque la luz sea en algunos momentos escasa. Pero es la que hay y así debe de ser. Y si respetamos ese ambiente cálido haremos las fotos recogiendo en nuestros recuerdos fotográficos imágenes auténticas con todos sus matices. Para lograrlo solo hay que enviar el flash a hacer puñetas. Guardadito en la cámara no nos destrozará ni una sola foto.

Consejos para la era digital

Para obtener fotos en interiores con velocidades lentas hay un truco: No respire, aprete sólo el dedo del disparador y haga varias tomas 3, 6 o 10 instantáneas. Después borre las malas o movidas. ¡Siempre asegurará una!

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